miércoles, 17 de abril de 2019

BECAS PARA VOCACIONES NATIVAS

“Que no se pierda ninguna vocación por falta de medios económicos”

Juan Pablo II


En los territorios de misión surgen cada día numerosas vocaciones. La Jornada de Vocaciones Nativas recuerda que es necesario ayudar a las vocaciones locales surgidas en las Iglesias más jóvenes, fruto de la Palabra sembrada por los misioneros. Las Becas para Vocaciones Nativas: Son una modalidad de ayuda a la formación espiritual, académica y pastoral de las vocaciones nativas para  ayudar a sostener las necesidades de los seminarios y noviciados de los territorios de misión.


martes, 16 de abril de 2019

ORACIÓN PARA LA JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS



JORNADA MUNDIAL DE
ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Y JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS 2019
ORACIÓN
Señor Jesús,
concédeme soñar tu mismo sueño.
Un sueño grande y capaz de cobijar a todos.
Un sueño en común que nos enriquece.
Un sueño que nos hace hermanos.
Un sueño por el que diste la vida en la cruz.
Un sueño por el que el Espíritu Santo
se derramó en los corazones.
Un sueño que no debe congelarse
en el corazón del mundo.
Haz que, a través de mí,
tu sueño pueda crecer,
multiplicarse y alcanzar
todos los rincones de la tierra.
Como María, yo también te digo “sí”:
con mis manos, con mis pies,
con mi mirada, con mi corazón
quiero dar carne y vida a tu sueño,
amando con el mismo amor
con que Tú nos amaste.
Amén.

lunes, 15 de abril de 2019

TESTIMONIO DE VOCACIONES NATIVAS




"DIOS SIEMPRE NOS LLAMA

 Y NOS GUÍA"

Enkh Baatar. Primer sacerdote en Mongolia


Enkh Baatar es el primer sacerdote nativo en Mongolia.
 En este testimonio
 cuenta cómo surgió su vocación y ofrece una reflexión
 sobre el valor de 
las vocaciones en los territorios de misión y como 
la labor de los misioneros preparó el terreno para 
que las vocaciones nativas pudieran surgir en su país.

“Mi nombre es Enkh Baatar nací en Ulán Bator,
 la capital de Mongolia, en 1987. 
Soy el hijo pequeño de una familia con dos hermanas mayores.
 Cuando yo tenía tres años, Mongolia pasó
 a ser un país democrático,tras 66 años de gobierno
 comunista. La Iglesia católica entró oficialmente en 1992.
Los primeros tres misioneros, incluido el actual prefecto
 apostólico de Ulán Bator, Mons. Wenceslao Padilla,
 comenzaron una pequeña comunidad en su departamento.
 Yo los conocí a través de mi hermana mayor en 1994.
 Ella estudiaba francés, y su profesor era un misionero
de la Congregación del Corazón Inmaculado de María.
 Él la invitó a su pequeña comunidad cristiana, y 
solía llevarme con ella. Desde entonces empecé a ir
 a la iglesia regularmente y a saber más sobre Dios.
Cuando tenía 7 años, mi padre falleció en un accidente.
A raíz de ese suceso,pensé haber comprendido la realidad
 de la vida. Esta no solo está llena de felicidad, sino 
que incluyetristeza. Ambas, vida y muerte, son parte
 de nuestra existencia.
 Sin embargo, había algo que faltaba en mi corazón,
 pero no era consciente de qué, ni incluso de que 
estuviera buscándolo.
Me bauticé en 1999, con 12 años. Los viernes iba
a un grupo bíblico. Siempre era bonito y sorprendente
 para mí aprender más sobre la Palabra de Dios 
y cómo actúa en las vidas de las personas. Después
 de compartir sobre la Biblia, solía irme a casa tan
 rápido que mucha gente me preguntaba por que
 siempre salía corriendo, o si había algo urgente que
tuviera que hacer.
No, simplemente, no podía estar parado,
 porque algo ardía en mi corazón; sentimientos
 muy fuertes rebosaban, como una fuente,desde lo
 hondo de él.
 Por eso no podía estar tranquilo, tenía que correr.
 Mientras, me decía a mí mismo que no era el chico
 más rico del mundo, ni el más guapo, listo, talentoso,
 fuerte o alto, pero estaba seguro de ser el más feliz,
 porque sentía profundamente el amor de
 Dios por mí.
Comprendí que ese amor no se me había dado solo
 al ser bautizado y conocer a Dios, sino que siempre
 había estado presente desde que fui concebido.
 Entonces caí en la cuenta de que había
 encontrado la única cosa que echaba en
 falta y buscaba en mi vida. La sensación era
 como de que alguien me estuviera cubriendo con
 una cálida manta mientras estaba durmiendo
 solo y temblando en una habitación fría y oscura.
 Esta experiencia me ayudó a acercarme más a
 Dios, y día a día me iba enamorando de Él.
 A punto de terminar mi instituto, decidí ir a un
 seminario y convertirme en sacerdote.
Hubo tres grandes razones. Primero, solo quería
 estar más cerca de Dios y pasar toda mi vida
 con Él. Segundo, quería compartir la felicidad,
 la verdad y la Palabra deDios que he 
experimentado en mi vida especialmente con aquellos
 que son pobres no solo física, sino espiritualmente. 
Tercero, después de ver el dolor de mi madre y
 de las personas demi entorno, me sentía impotente,
demasiado pequeño y débil para cambiar sus vidas
 y quitarles sus sufrimientos.
 Sin embargo, una palabra de Jesús vino a mi mente: una
semilla arrojada al suelo no da fruto hasta que muere; 
si muere, dará 30, 60 y 100 veces más fruto.
 Entonces pensé: “Si me sacrifico y me ofrezco a Dios, tal vez
 habrá algún buen fruto en las vidas de aquellos que sufren,
 incluida mi madre”.

jueves, 11 de abril de 2019

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS Y ORACIÓN POR LAS VOCACIONES

“LA VALENTÍA DE ARRIESGAR POR LA PROMESA DE DIOS”

Papa Francisco


Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber vivido, el pasado octubre, la vivaz y fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes, hemos celebrado recientemente la 34.ª Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Dos grandes eventos, que han ayudado a que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan.
Quisiera retomar lo que compartí con los jóvenes en Panamá, para reflexionar en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sobre cómo la llamada del Señor nos hace portadores de una promesa y, al mismo tiempo, nos pide la valentía de arriesgarnos con Él y por Él.Me gustaría considerar brevemente estos dos aspectos, la promesa y el riesgo, contemplando con vosotros la escena evangélica de la llamada de los primeros discípulos en el lago de Galilea (Mc 1,16-20).
Dos parejas de hermanos —Simón y Andrés junto a Santiago y Juan— están haciendo su trabajo diario como pescadores. En este trabajo arduo aprendieron las leyes de la naturaleza y, a veces, tuvieron que desafiarlas cuando los vientos eran contrarios y las olas sacudían las barcas. En ciertos días, la pesca abundante recompensaba el duro esfuerzo, pero, otras veces, el trabajo de toda una noche no era suficiente para llenar las redes y regresaban a la orilla cansados y decepcionados.
Estas son las situaciones ordinarias de la vida, en las que cada uno de nosotros ha de confrontarse con los deseos que lleva en su corazón, se esfuerza en actividades que confía en que sean fructíferas, avanza en el “mar” de muchas posibilidades en busca de la ruta adecuada que pueda satisfacer su sed de felicidad. A veces se obtiene una buena pesca, otras veces, en cambio, hay que armarse de valor para pilotar una barca golpeada por las olas, o hay que lidiar con la frustración de verse con las redes vacías.